El Meollo Del Asunto
En realidad no recuerdo el primer día que me pregunte ¿Qué es la gravedad?, pues nos es tan familiar el hecho de vivir con los pies bien firmes en la tierra (bueno no todos, algunos si andamos por las nubes). A pesar de que nuestro planeta gira rápidamente, nosotros seguimos pegados a nuestro escritorio, o cómodamente acostados en nuestras camas. Eso es gracias a la gravedad: una “fuerza” que no sólo nos brinda estabilidad aquí en la Tierra, sino que en ocasiones nos causa dolor, como cuando tropezamos y caemos al suelo; la causante de que nos atemoricemos al estar parados en las orillas de una azotea. Pero ¿cuándo nos damos cuenta de su importancia, de su existencia?, ¿hasta que nos hablan de ella en la escuela? ¿O de niños nos surge la duda de por qué las cosas caen, y es entonces cuando corremos a preguntarle a papá o mamá?
En realidad nunca llegamos a comprender del todo este fenómeno, y en ocasiones la monotonía de nuestra vida nos distrae de estos cuestionamientos; al fin y al cabo ya hay gente que la entiende y en física existen teorías para describirla. Pero remontémonos al pasado, donde la física tiene sus comienzos, o, al menos, donde esta ciencia fue bautizada: en la antigua Grecia –lugar de grandes filósofos que nos heredaron, entre otras cosas, la visión racional del mundo, su quehacer científico; su física se basaba en reposar cómodamente y ponerse a pensar en las leyes universales que lo explicaran todo lógicamente, sin experimentos, que parecían estar demás.
Aristóteles explicó la gravedad de una forma muy peculiar: decía que era la tendencia de los cuerpos a ocupar su “lugar natural”. Sí, también me parece confusa su explicación. Recordemos que Aristóteles mencionaba cuatro elementos: tierra, agua, aire, fuego. Se suponía que éstos eran los componentes de todo. Se acomodaban según su densidad, es decir, la tierra hasta abajo, arriba el agua, después el aire y por ultimo el fuego. También introduce un quinto elemento: la “quintaesencia”, un elemento eterno e inmutable del cual estaban formados los astros, las estrellas, el sol y la luna, cuyo lugar “natural” a diferencia de los cuatro primeros elementos, era estar arriba y no abajo. La teoría aristotélica decía que los objetos pesados caían más rápido que los objetos ligeros. Es increíble que esta explicación durara tanto tiempo. Sí, no digo que fuera del todo mala: siempre y cuando no se cuestionara muy a fondo, esta explicación funcionaba muy bien. A medida que los tiempos fueron cambiando, la ambición de los pueblos de conquistar nos llevo a la necesidad de entender con mayor precisión a la gravedad: se tenia que encontrar la forma en la cual la catapulta diera con el objetivo; después se tuvo que afinar la puntería de los cañones, pues se quería derribar con la mayor eficacia posible las bardas enemigas.
De este modo, es como evoluciona la primera etapa de nuestra concepción de la gravedad, dejando dudas, dejando huecos, por donde otros curiosos se hicieron notar.
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