Pensando En Grande
Los bosques han sido escenarios de magnificas historias, hábitat natural de sueños, magia, duendes, hadas; lugares donde transcurrían los cuentos cotidianos de nuestra niñez, escenarios de históricas batallas, hogar de héroes y cuna de asombrosas civilizaciones.
Hoy en día, los sueños han renacido en uno de estos recintos naturales: el bosque de Livingston. Cerca de la capital del estado de Louisiana, al sureste de los Estados Unidos, en una de las zonas más olvidadas de ésta nación, se encuentra uno de los observatorios astronómicos más peculiares del planeta; este lugar podría llevar acabo un gran descubrimiento en la física, con el cual se marcaría el comienzo de una nueva era en la astronomía, y que nos daría una visión mas completa (o quizá mas compleja) de nuestro universo.
En este observatorio no encontraremos aquellos gigantescos telescopios: aquella vieja imagen que teníamos de la astronomía y de sus medios para observar el universo no estará presente en este cuento. En efecto, en medio del bosque Livingston se localiza una impresionante estructura de concreto, un edifico central del cual se desprenden dos largos túneles de cuatro kilómetros de longitud; estos brazos de gigante albergan poderosos láseres que viajan por enormes tubos al alto vacío, la luz de los láseres rebota continuamente en unos espejos localizados al final de estos túneles. Ésta es la imagen de los nuevos observatorios, sólo que en ellos no esperamos ver estrellas, ni galaxias, no esperamos recibir ondas de radio o rayos gama: en esta ocasión estamos en busca de algo más extraño.
El observatorio de Livingston forma parte del proyecto LIGO (Large Interferometric Gravitational-Wave Observatory). Este proyecto consta de dos observatorios gemelos; el segundo está ubicado en el noroeste de Estados Unidos, en Hanford, estado de Washington.
Hanford es conocido por ser cede del proyecto Manhattan: en los años 40, albergó los reactores nucleares que produjeron el plutonio para las primeras bombas atómicas. En esta ocasión será copartícipe, no de destrucción, sino de la creación de una nueva percepción de nuestro universo.
El proyecto LIGO está en busca de detectar ondas gravitacionales: ondas que se propagan de igual manera que las ondas de un estanque, pero son tan débiles que sus efectos son casi imperceptibles. Es por esto que se requieren construcciones colosales para facilitar su detección.
lunes, 27 de julio de 2009
Surfing In Space-Time (Parte V)
Barras Energeticas
Demostrar experimentalmente la existencia de ondas gravitacionales es realmente complicado, en la década de los 60, se demostró teóricamente que éstas tenían energía, por lo que su detección era posible pero no sencilla, los cálculos mostraban que la energía que poseían las ondas era insuficiente como para ser detectadas con la tecnología de esos tiempos.
A mediados de los 60, se intento detectar ondas gravitacionales; las ondas gravitacionales deforman el espacio-tiempo, por ejemplo, si una onda nos atravesara nos estiraría y después nos comprimiría en sentido vertical una y otra vez, notaríamos que nos hacemos flacos y altos y después chaparros y gordos, el problema radica en la magnitud del efecto, debido a la poca energía que poseen las ondas, la deformación que inducen en la materia es muy pequeña. Una onda gravitacional generada por una gran catástrofe astronómica (la explosión de una supernova, o el choque de dos agujeros negros, por ejemplo) provocaría cambios casi insignificantes, un objeto de un metro se alargaría apenas una millonésima parte del núcleo atómico. Medir cambios de longitudes tan pequeños es prácticamente imposible.
Joseph Weber fue un físico norteamericano, que pensaba que podía detectar ondas gravitacionales, la idea era amplificar el efecto que éstas producen, por medio de un fenómeno físico llamado “resonancia”: por ejemplo, cuando un cantante rompe con su voz una copa de vidrio es debido a éste fenómeno, los materiales tienen una frecuencia de oscilación natural, si repetidamente le aplicamos una fuerza precisamente con ésta frecuencia, la amplitud de sus oscilaciones aumentara. Weber construyo dos barras cilíndricas con una frecuencia de oscilación igual a la de las ondas gravitacionales, las coloco en lugares distintos, una en Chicago y la otra a las afueras de Washington D.C. de ésta manera si una onda gravitacional pasa por la Tierra ambas barras la detectarían.
En 1968 las barras detectaron algo simultáneamente, el siguiente año, Weber anuncio el descubrimiento, muchos científicos celebraron el hecho e inmediatamente se pusieron a comprobar el suceso por si mismos, incluso construyeron barras con mayor precisión, pero en ésta ocasión nadie detecto nada excepto Weber. Por ser un experimento no repetible no fue considero veraz, y a pesar de que Weber fue el pionero en los detectores de ondas, su figura fue opacada por éste suceso.
En la década de los 70, algunos científicos propusieron la construcción de interferómetros para medir cambios de tamaño en los objetos, éste aparato detecta interferencias, separando un has de luz, y reflejando los dos rayos separados en direcciones diferentes que al final inciden en un detector, si los dos rayos recorren la misma distancia, al incidir llegaran en fase y no existirá interferencia, si alguno de los dos recorridos es mayor, los rayos llegaran desfasados, y se podrá ver una interferencia, de ésta manera se podrían detectar cambios de tamaño inducidos por las ondas gravitacionales.
Demostrar experimentalmente la existencia de ondas gravitacionales es realmente complicado, en la década de los 60, se demostró teóricamente que éstas tenían energía, por lo que su detección era posible pero no sencilla, los cálculos mostraban que la energía que poseían las ondas era insuficiente como para ser detectadas con la tecnología de esos tiempos.
A mediados de los 60, se intento detectar ondas gravitacionales; las ondas gravitacionales deforman el espacio-tiempo, por ejemplo, si una onda nos atravesara nos estiraría y después nos comprimiría en sentido vertical una y otra vez, notaríamos que nos hacemos flacos y altos y después chaparros y gordos, el problema radica en la magnitud del efecto, debido a la poca energía que poseen las ondas, la deformación que inducen en la materia es muy pequeña. Una onda gravitacional generada por una gran catástrofe astronómica (la explosión de una supernova, o el choque de dos agujeros negros, por ejemplo) provocaría cambios casi insignificantes, un objeto de un metro se alargaría apenas una millonésima parte del núcleo atómico. Medir cambios de longitudes tan pequeños es prácticamente imposible.
Joseph Weber fue un físico norteamericano, que pensaba que podía detectar ondas gravitacionales, la idea era amplificar el efecto que éstas producen, por medio de un fenómeno físico llamado “resonancia”: por ejemplo, cuando un cantante rompe con su voz una copa de vidrio es debido a éste fenómeno, los materiales tienen una frecuencia de oscilación natural, si repetidamente le aplicamos una fuerza precisamente con ésta frecuencia, la amplitud de sus oscilaciones aumentara. Weber construyo dos barras cilíndricas con una frecuencia de oscilación igual a la de las ondas gravitacionales, las coloco en lugares distintos, una en Chicago y la otra a las afueras de Washington D.C. de ésta manera si una onda gravitacional pasa por la Tierra ambas barras la detectarían.
En 1968 las barras detectaron algo simultáneamente, el siguiente año, Weber anuncio el descubrimiento, muchos científicos celebraron el hecho e inmediatamente se pusieron a comprobar el suceso por si mismos, incluso construyeron barras con mayor precisión, pero en ésta ocasión nadie detecto nada excepto Weber. Por ser un experimento no repetible no fue considero veraz, y a pesar de que Weber fue el pionero en los detectores de ondas, su figura fue opacada por éste suceso.
En la década de los 70, algunos científicos propusieron la construcción de interferómetros para medir cambios de tamaño en los objetos, éste aparato detecta interferencias, separando un has de luz, y reflejando los dos rayos separados en direcciones diferentes que al final inciden en un detector, si los dos rayos recorren la misma distancia, al incidir llegaran en fase y no existirá interferencia, si alguno de los dos recorridos es mayor, los rayos llegaran desfasados, y se podrá ver una interferencia, de ésta manera se podrían detectar cambios de tamaño inducidos por las ondas gravitacionales.
martes, 16 de junio de 2009
Surfing In Space-Time (Parte IV)
Deformando El Espacio
La llegada del siglo XX trajo consigo un personaje fundamental en el entendimiento de la gravedad: Albert Einstein, considerado uno de los mas grandes físicos de la historia, desde temprana edad estaba cautivado por la naturaleza de la luz, su curiosidad lo llevo a cuestionar el comportamiento de ésta, y con ello invitándonos a contemplar su nueva visión del universo.
En 1905 postula cinco artículos, con ellos nace una teoría que hoy es conocida como relatividad especial. Basado en algunas ideas de Galileo, encuentra una velocidad invariante, una velocidad que, a diferencia de la de otros objetos, siempre es la misma, se mida como se mida. Es decir, si nosotros medimos la velocidad de un tren desde tierra fija, obteniendo 80 km/h, otra persona que va en un coche a 50 km/h, viajando en dirección paralela al tren, medirá que el tren va a solo 30 km/h. Esta suma de velocidad no se aplica a la velocidad de la luz, ya que siempre es la misma, sin importar como se mida o cual sea la velocidad del cuerpo emisor.
Einstein considera la velocidad de la luz como un límite universal, porque nada puede superar su velocidad; encuentra algunas contradicciones con las teorías newtonianas, la que presuponían una interacción instantánea a distancia. En 1915 logra incorporar la fuerza de gravedad en su teoría de relatividad general, y explica a la gravedad como una deformación del espacio-tiempo: imagínense una cama elástica, representando el espacio-tiempo, y una bola de boliche que representa al planeta Tierra. Si ponemos la bola de boliche sobre la cama elástica, ésta se deformará creando una curvatura de la cama cerca de donde se localiza la bola de boliche. Esta curvatura sería la nueva visión de la gravedad: si acercamos una canica a la deformación de la cama, la canica caerá hacia la bola de boliche; si quitáramos la bola de boliche, la cama tardaría (aunque muy poco tiempo) en regresar a su forma original. Es así como se entiende la interacción de la fuerza de gravedad. A diferencia de las teorías newtonianas, la gravedad se propaga a una velocidad finita, al igual que la deformación en la cama elástica
Con la nueva descripción de la gravedad, Einstein encuentra la solución al problema de acción a distancia: la gravedad ya no se propaga instantáneamente, sino a la velocidad de la luz; deja de ser una fuerza a distancia y se convierte en una distorsión del espacio-tiempo. Al igual que los trabajos de Maxwell que predecían la existencia de ondas electromagnéticas, la relatividad general predice la existencia de ondas gravitacionales. La teoría de la relatividad general se ha confirmado experimentalmente con alto grado de precisión, y hoy en día es un pilar fundamental de la física moderna y de nuestra vida diaria.
Las ondas gravitacionales son hoy en día el eslabón perdido en la física moderna, durante los últimos 60 años se ha tratado de demostrar experimentalmente la existencia de éstas, en los próximos años iniciaran proyectos jamás imaginados, proyectos que requieren de una cooperación mundial y grandes recursos económicos, con ello la comunidad científica espera demostrar la existencia de éstas y brindarnos un nuevo entendimiento de nuestra ya conocida amiga “la fuerza de gravedad”.
La llegada del siglo XX trajo consigo un personaje fundamental en el entendimiento de la gravedad: Albert Einstein, considerado uno de los mas grandes físicos de la historia, desde temprana edad estaba cautivado por la naturaleza de la luz, su curiosidad lo llevo a cuestionar el comportamiento de ésta, y con ello invitándonos a contemplar su nueva visión del universo.
En 1905 postula cinco artículos, con ellos nace una teoría que hoy es conocida como relatividad especial. Basado en algunas ideas de Galileo, encuentra una velocidad invariante, una velocidad que, a diferencia de la de otros objetos, siempre es la misma, se mida como se mida. Es decir, si nosotros medimos la velocidad de un tren desde tierra fija, obteniendo 80 km/h, otra persona que va en un coche a 50 km/h, viajando en dirección paralela al tren, medirá que el tren va a solo 30 km/h. Esta suma de velocidad no se aplica a la velocidad de la luz, ya que siempre es la misma, sin importar como se mida o cual sea la velocidad del cuerpo emisor.
Einstein considera la velocidad de la luz como un límite universal, porque nada puede superar su velocidad; encuentra algunas contradicciones con las teorías newtonianas, la que presuponían una interacción instantánea a distancia. En 1915 logra incorporar la fuerza de gravedad en su teoría de relatividad general, y explica a la gravedad como una deformación del espacio-tiempo: imagínense una cama elástica, representando el espacio-tiempo, y una bola de boliche que representa al planeta Tierra. Si ponemos la bola de boliche sobre la cama elástica, ésta se deformará creando una curvatura de la cama cerca de donde se localiza la bola de boliche. Esta curvatura sería la nueva visión de la gravedad: si acercamos una canica a la deformación de la cama, la canica caerá hacia la bola de boliche; si quitáramos la bola de boliche, la cama tardaría (aunque muy poco tiempo) en regresar a su forma original. Es así como se entiende la interacción de la fuerza de gravedad. A diferencia de las teorías newtonianas, la gravedad se propaga a una velocidad finita, al igual que la deformación en la cama elástica
Con la nueva descripción de la gravedad, Einstein encuentra la solución al problema de acción a distancia: la gravedad ya no se propaga instantáneamente, sino a la velocidad de la luz; deja de ser una fuerza a distancia y se convierte en una distorsión del espacio-tiempo. Al igual que los trabajos de Maxwell que predecían la existencia de ondas electromagnéticas, la relatividad general predice la existencia de ondas gravitacionales. La teoría de la relatividad general se ha confirmado experimentalmente con alto grado de precisión, y hoy en día es un pilar fundamental de la física moderna y de nuestra vida diaria.
Las ondas gravitacionales son hoy en día el eslabón perdido en la física moderna, durante los últimos 60 años se ha tratado de demostrar experimentalmente la existencia de éstas, en los próximos años iniciaran proyectos jamás imaginados, proyectos que requieren de una cooperación mundial y grandes recursos económicos, con ello la comunidad científica espera demostrar la existencia de éstas y brindarnos un nuevo entendimiento de nuestra ya conocida amiga “la fuerza de gravedad”.
lunes, 12 de enero de 2009
Surfing In Space-Time (Parte III)
El Nuevo Campo
A principios del siglo XIX, la física veía la interacción de las fuerzas, como una acción a distancia, por ejemplo, se pensaba que la gravedad del Sol actuaba sobre nuestro planeta de modo instantáneo, a pesar de la gran distancia que existe entre ambos; no sólo la gravedad se entendía en base a esta acción a distancia, también fue empleada por Michael Faraday en sus trabajos de electricidad y magnetismo.
Un físico ingles, llamado James Clerk Maxwell empieza a estudiar los trabajos sobre electricidad y magnetismo realizados por Faraday, Gauss, Coulomb y Ampere, éstas fuerzas se consideraban ondas, y se sabia que las ondas, como las olas en el mar, se propagan a cierta velocidad, la cual depende de ciertas condiciones en el medio. Encontró una relación entre ambas, una velocidad de propagación para las ondas eléctricas y las magnéticas, una constante ya conocida: la velocidad de la luz.
Es así como unifica la electricidad y el magnetismo en una sola teoría, conocida el día de hoy como electromagnetismo, descrita por un conjunto de ecuaciones conocidas como las ecuaciones de Maxwell. Y es así como la comprensión de la interacción de esta fuerza, pasa de ser considerada como una acción a distancia a una interacción que se propaga a velocidad finita, una constante fundamental en la naturaleza.
Las elegantes ecuaciones de Maxwell fueron, sin duda, el logro más importante del siglo XIX, una muestra más de la capacidad del intelecto humano, unas ecuaciones que presuponían la existencia de algo más, de un comportamiento que marcaría una nueva era.
A principios del siglo XIX, la física veía la interacción de las fuerzas, como una acción a distancia, por ejemplo, se pensaba que la gravedad del Sol actuaba sobre nuestro planeta de modo instantáneo, a pesar de la gran distancia que existe entre ambos; no sólo la gravedad se entendía en base a esta acción a distancia, también fue empleada por Michael Faraday en sus trabajos de electricidad y magnetismo.
Un físico ingles, llamado James Clerk Maxwell empieza a estudiar los trabajos sobre electricidad y magnetismo realizados por Faraday, Gauss, Coulomb y Ampere, éstas fuerzas se consideraban ondas, y se sabia que las ondas, como las olas en el mar, se propagan a cierta velocidad, la cual depende de ciertas condiciones en el medio. Encontró una relación entre ambas, una velocidad de propagación para las ondas eléctricas y las magnéticas, una constante ya conocida: la velocidad de la luz.
Es así como unifica la electricidad y el magnetismo en una sola teoría, conocida el día de hoy como electromagnetismo, descrita por un conjunto de ecuaciones conocidas como las ecuaciones de Maxwell. Y es así como la comprensión de la interacción de esta fuerza, pasa de ser considerada como una acción a distancia a una interacción que se propaga a velocidad finita, una constante fundamental en la naturaleza.
Las elegantes ecuaciones de Maxwell fueron, sin duda, el logro más importante del siglo XIX, una muestra más de la capacidad del intelecto humano, unas ecuaciones que presuponían la existencia de algo más, de un comportamiento que marcaría una nueva era.
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